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Un Paseo por el Puerto de Dolores

Con una historia prodiga en traslados, Dolores puede vanagloriarse de remontar una ascendencia cercana a 1527, cuando, llegada de la lejana España, la expedición de Sebastián Gaboto levantara su celebre fortín del San Salvador; denominación que también aplicaría el expedicionario Antón de Grajeda al tranquilo río sobre cuya margen izquierda se levanta “El Granero del País”.

Y fue el río quien influyó vida al emigrado pueblo de El Espinillo en 1801, constituyendo para la población la principal vía de comunicación, así como un destacado motor comercializador de los productos de los fecundos suelos de la zona.

La intensa actividad sobre el río, redoblada con el paso de los años, han transformado la zona costera de Dolores en un autentico Paisaje Cultural, donde, ineludiblemente, el maestro de orquesta, es el puerto.

Tras sus primeros comienzos alrededor de 1907, a la altura de la actual calle Puig, con el correr del tiempo, logró convertirse en lo que es hoy: un destacado puerto fluvial, que supo tener tiempos mejores, sí, pero que esa grandeza que adquirió con el trabajo de bravos mozos que se afanaban sobre importantes embarcaciones que confiaban en su abrigo y del progreso general del que fue participe, aun sigue latente a través de mudos testigos de su rica historia.

Uno de ellos es la vieja grúa a carbón, que, pese a su marcado deterioro, se mantiene en pie y mereció el reconocimiento de integrar el Patrimonio Histórico de la ciudad.

Al puerto, con su actual estructura de hormigón y un calado promedio de 5 mts., data de 1927 y a el se llega a través de una explanada conformada por los airosos adoquines que pretendieron agasajar a don José Batlle y Ordóñez, por entonces Presidente de la Republica; pero sus aspiraciones fueron arrastradas por la lluvia (literalmente…), al suspender el Primer Mandatario su visita oficial a causa del mal tiempo.

Pero el “Pepe” Batlle no fue el único personaje que marcó la historia sin nunca pisar la ciudad Dolores o su puerto, pues ya desde varios años antes se intentaba plasmar la figura de unos los héroes mas reconocidos de los nacionalismos: Giuseppe Garibaldi.

83 años tuvo que esperar la población para ver erigido al “Héroe de Dos Mundos”, inaugurándose la escultura realizada por Edmundo Pratti, y que hoy domina la plazoleta Italia, en 1965.

Años de trabajo, de progreso, de múltiples historias de vida y sucesos; todo acaparado en unos cuantos metros cuadrados que conforman la zona del Puerto de Dolores, pero éste no se refleja solo sobre el espejo del San Salvador, pues con él comparten tal privilegio, por un lado, el otro coloso de la ciudad: el Molino Dolores, que por muchos años fuera conocido como Molino San Salvador, y que por otros tantos seguirá permaneciendo en el nomenclátor popular. Esta efervescente industria, que desde 1889 acompaña el crecimiento de la ciudad, es un autentico motor de trabajo y actividad para toda la población, cuya oficinas y sobrios silos y depósitos, río de por medio, constituyen una de las postales inevitables para cualquier visitante.

La otra fiel compañera es la Península Timoteo Ramospé; cual otrora fuera una independiente isla privada de su libertad por un firme terraplén, al que se lo conoce como Pasarela Schweizer desde su creación en 1924, permitiendo convertirla en lo que es hoy: uno de los mas destacados lugares de esparcimiento y ocio de los doloreños, así como un autentico pulmón verde para toda la ciudad, aunque con el pintoresco trabajo que el otoño realiza sobre su frondosa y variada arboleda, bien le valdría el titulo de “Pulmón Dorado”.

La remodelada ínsula es el escenario perfecto para tranquilas caminatas matutinas, acompañados por las voces de los pacientes pescadores que prueban sus cañas a lo largo de la playita que se extiende por su lado N, muy cerca del emplazamiento de la broncínea figura de uno de los hijos pródigos de estas tierras, aquel que magistralmente fuera plasmado por Zorrilla de San Martín en su celebre epopeya: Tabaré.

Mientras que su lado S (especialmente si se tiene la suerte de apreciar el atardecer sobre el río) ofrece la imagen del antiguo granero de CADOL reflejándose en las mansas aguas del San Salvador, un pintoresco espectáculo de luz y color que cierra magníficamente nuestra visita por el Puerto de Dolores.

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