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Mural del Bicentenario

La Revolución Oriental de 1811, que estallara con el Grito de Asencio, fue un movimiento rural “en pos de la reivindicación de un solar avasallado que clama con rebeldía el fin del sojuzgamiento”, según las palabras de Oribe Pereira.

Hoy, todo ese trajín de un grupo de aguerridos gauchos que implantaron la base para la Independencia de lo que seria la Republica Oriental del Uruguay, se plasma simbólica y orgullosamente en múltiples matices relucientes bajo el sol mercedario. En plena rambla de la capital sorianense, como surgidos de la nada, un quinteto de briosos corceles parecería cabalgar hacia el “Hum” que fluye inmutable.

Mural del Bicentenario le llamamos a falta de nombre oficial, mas no es necesaria una denominación para comprender su significado, pues los elementos que exhibe, sumados a las fechas que corren, bastan para entender cual es el tema de la obra.

Su autoría corresponde a ALQUIMIA, un grupo de artistas locales integrado por Aldo Difilippo, Enrique (Quique) Rey, Milka Muñiz y Ángel Juárez. Ellos, de forma totalmente independiente, idearon y crearon esta obra como un simple homenaje más a la Gesta Independentista.

Para la concreción de este mural se contó con la donación de la pintura (acrílico) por una empresa local, y la disposición del muro por sus propietarios, pero principalmente, con el ingenio y esfuerzo de estos cuatro amigos, que, por espacio de una semana, blanquearon la pared, trazaron el dibujo, y por ultimo, dieron vida con brillantes colores a todo el conjunto, cuya trama gira en torno a tres símbolos esenciales: caballos, lanzas y un rancho en llamas.

En primer termino, sobresalen los cinco caballos protagonizando toda la escena. “La Patria se hizo a caballo” dice el refrán popular, y en efecto, fueron estos animales un componente primordial de los ejércitos revolucionarios, ya sea por su movilidad que permitía vencer las dificultades del terreno ante la casi total ausencia de caminos, su capacidad de carga sobre el enemigo, y por supuesto, su integración total en la idiosincrasia del gaucho.

Las lanzas conforman el segundo componente del mural. Una por cada caballo, brotan y se entremezclan con los mismos. Estas constituyeron la principal arma de carga que tuvieron los revolucionarios, y en ellas se refleja fielmente la esencia de lo que fue la revolución: el gaucho trocando sus herramientas de trabajo en armas. Así crearon estas lanzas, insertando hojas de tijeras de esquilar en cañas de tacuara. El hombre de campo convertido en soldado.

Mientras que en tercer plano, a la derecha, un rancho incendiado prolonga sus llamas por toda la esquina superior derecha de la obra, reflejando con ello todas las penurias y afrentas que los orientales sufrieron bajo la tiranía, incluidas sus posesiones que se vieron obligados a abandonar.

Realmente, el Mural del Bicentenario es una obra que merece ser contemplada y analizada.

Desde ahora, permanecerá a la vista de todos en el principal paseo de la ciudad de Mercedes. Nomás hay que mirar y observar.

Dirección: Rambla costanera c/ 18 de Julio

Fotos: Humbral

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