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Navegando por el río Negro con el Catamarán Soriano I

Eran alrededor de las 9:10 hs. del domingo 28 de noviembre, cuando un nutrido grupo de sorianenses aguardaba, en el nivel inferior del Muelle Comercio, el acenso al ya famoso Catamarán Soriano I, dejando resbalar alguna que otra cauta mirada hacia el cielo nublado de esa fresquita mañana.

Algunos iban a experimentar por primera vez una navegación por el río que veían desde su infancia. Otros, se reencontrarían con un viejo conocido. Pero la emoción y expectativa era común para unos y otros, mientras que en cubierta se veía a la tripulación afanada en los preparativos para la inminente partida.

Para las 9:14 hs. nos encontrábamos todos cómodamente sentados en el interior de la embarcación, tras haber abordado por el lado de estribor. Dos filas de asientos, separados por un amplio pasillo central, conforman el espacio principal para pasajeros, donde se encuentran, además, los gabinetes higiénicos y el Snack Bar.

Luego de una prolija salida del muelle, casi sin darnos cuenta, nos encontrábamos navegando por las aguas del “Hum”. Y tras el ajetreo surgido de el “estar a bordo”, cuando ya todos estábamos más tranquilos, se procedió a ver un vídeo informativo sobre las reglas de seguridad a las que deberíamos atenernos en nuestro viaje, así como las indicaciones a seguir en casos de emergencia. A esto le prosiguió un audiovisual institucional referente a la construcción del Catamarán, así como a otras realizaciones de la Intendencia Municipal de Soriano.

Con unas palabras del Director Municipal de Turismo, Sr. José Luís Perazza, se nos dio la bienvenida a bordo del Soriano I, y luego de eso sí! comenzamos de pleno con nuestro paseo por el río Negro, con una agradable música de fondo y los saludos de los que se acercaron hasta el litoral a despedirnos.

Ni bien salimos del canal existente entre la isla del Puerto y el Parque Guernica (antes viramos a babor), y luego de seguir derecho un pequeño tramo, comenzamos a virar nuevamente, pero esta vez a estribor, poniendo rumbo Este, aguas arriba.

Con un sol cada vez más animado, nos dirigimos hacia el puente Liber Seregni, avistando a nuestro paso bonitos paisajes, tanto de la ciudad de Mercedes y sus infraestructuras costeras (Muelles, Club de Remeros, Paradores, y la inmutable Catedral), como del lado del balneario Los Arrayanes.

Al pasar por la sede de Club Ayuí, prácticamente un mito entre los viejos “lobos de río”, unos estridentes toques de bocina sirvieron como saludo de nuestro capitán para con sus compañeros de correrías.

Avanzamos un poco más, y cambiamos rotundamente de panoramas al traspasar los arcos del puente sobre el río Negro. Casas solariegas, clubes privados, y demás estructuras propias de los alrededores de una ciudad que ha enlazado su historia con la del río desde sus comienzos van quedando atrás, cediéndole el lugar a hermosos paisajes de los montes nativos que, apretando filas, custodian las costas del viejo Hum.

Garzas moras, martín pescadores, y los clásicos biguas, fueron algunas especies que pudimos apreciar de la prolifera avifauna de la zona, que, por cierto, es de fama nacional.

Y los arenales! Envidiables playas naturales que más de uno quisiéramos tener en Mercedes para calmar las sofocantes temperaturas del periodo estival. Aunque ahora no descontamos que en los meses veraniegos experimentemos algún tour de playas a bordo nuevamente del Soriano I.

Remontamos el tramo inferior del río Negro hasta la zona conocida como Los Sauces de Doña Pepa, aunque especímenes de la familia de los Salix ya van quedando pocos, invadido su espacio por los controvertidos eucaliptos. No obstante, la nomenclatura permanece.

Fue en esa parte del paseo que avistamos una de las “perlas” del Hum: la Laguna de los Negros; una lengua de tierra que se desprende paralela a la costa, encerrando entre ésta una porción de río al que se le ha denominado laguna. Pero su principal atractivo lo encontramos del lado Norte de la mencionada lengua, donde con el paso de miles de años de evolución, las aguas fluviales han ido depositando minúsculas partículas de roca, formando una extensísima playa de finas y doradas arenas.

Y si bien más pequeña, la isla del Surubí o del Banco Grande, también es un destino predilecto de los afortunados mercedarios, y también foráneos, que pueden hacer una tranquila excursión hasta el extremo W de la ínsula, donde se encuentra la playa Arenitas de Oro, que hace completamente honor a su nombre.

La Laguna de los Negros fue nuestro tope en la navegación, hasta allí nos maravillamos con el deslumbrante río Negro y todos sus encantos. Pero teníamos que volver, pues a esa hora ya estarían impacientes en Mercedes la próxima tanda de pasajeros, esperando su oportunidad de embarcar.

Fueron  más de 20 Km. navegados, entre ida y vuelta, en un tiempo que rondó las 2 hrs.

Ya más familiarizados con el Hum, retornamos a Mercedes a mayor velocidad, pues teníamos la corriente a favor. La ciudad ya se apreciaba más animada en esa hora próxima al mediodía en que muchos mercedarios “bajan” a la Rambla Costanera a disfrutar del paseo preferido y del estupendo día, pues en esos momentos  el Astro Rey nos regalaba con todo su esplendor.

Y no nos equivocamos. Al acercarnos nuevamente al Muelle Comercio, un grupo mayor al nuestro esperaba pacientemente (y no tanto) a que nosotros descendiéramos. Unos momentos antes, la tripulación nos había dado la indicación de retomar nuestros asientos, para así poder desempeñar las maniobras de arribo y amarre tranquilamente.

Bien dicen que todo lo bueno tiene un final. Y nuestro viaje había llegado al suyo. Prontos para desembarcar, aguardamos que se abrieran las puertas para volver a pisar los añejos adoquines del Puerto de Comercio, no si antes agradecer la estupenda experiencia con fuertes aplausos.

Ahora solo queda recordar los gratos momentos vividos, y… esperar nuestra próxima navegación…

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